El mundo de Jamor

Jamor es el resultado de la selección y clasificación de las mejores costumbres jamoneras desarrolladas en Extremadura, entorno donde se crían en libertad los mejores cerdos ibéricos, alcanzando así nuestros productos la máxima exquisitez.

Es por ello, que sólo una producción limitada y selecta nos permite criar al ganado en total autonomía.

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En Extremadura, la cuna del ibérico, vigilamos al máximo la alimentación de los animales y la elaboración de los productos mediante procesos de curación y secado tradicionales, que junto a las óptimas condiciones de temperatura y humedad de las que disponemos, ayudan a alcanzar la máxima excelencia de nuestros productos. Un manjar para el paladar conseguido gracias a años de trabajo.

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Por ello, en Jamor, no sólo vendemos jamones, sino que ofrecemos a nuestros clientes la degustación de las bellotas, el sentir de las encinas, las dehesas y la sierra, la libertad de nuestro ganado, el calor veraniego que se derrite en una fina loncha de jamón en boca y que inspira así las más bellas sensaciones que podemos ofrecer.

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Podemos definir las dehesas extremeñas como un paraíso, reserva natural, uno de los ecosistemas mejor conservados de Europa, y protegido por su valor ecológico.

La dehesa, hábitat natural del cerdo ibérico, está compuesta por más de un millón de hectáreas de encinas donde se cría y alimenta nuestro ganado.

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Es en este entorno, de perfecto equilibrio y armonía entre la producción, conservación y aprovechamiento de recursos naturales, donde nuestros cerdos viven en total libertad, alimentándose, durante la montanera (de octubre a marzo) con bellotas y hierba salvaje.

Extremadura es la cuna del cerdo ibérico, la región que más producto ibérico elabora de España

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El cerdo ibérico forma parte de nuestras cocinas desde tiempos remotos, siendo uno de los alimentos más característicos.

Datamos que antes de la llegada del pueblo romano, los iberos ya elaborábamos carnes, produciendo embutidos y jamón.

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En el periodo de expansión del imperio romano, se convirtió pronto en uno de los principales productos hispanos que se exportaban a Roma.

Apreciaron tanto el manjar, que durante la época de Augusto y Agripa, se crearon monedas romanas con la forma de jamón.

 

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Durante la época visigoda, los monasterios y conventos mantuvieron la tradición jamonera y en los siglos XII y XIII comenzó a divulgarse la crianza del cerdo, aunque de forma limitada.

A finales del S. XIII la tradición de matanzas y fabricación de jamones y embutidos era más común y accesible al pueblo, que perfeccionaron las técnicas de generación en generación hasta obtener los excelentes derivados del cerdo que conocemos actualmente.